La actuación del juez resultó muy floja: resultó decisivo en el resultado del encuentro desarrollado en el Monumental

 

Transcurrían 26 minutos del primer tiempo en el Monumental: River y Vélez todavía igualaban 0-0 por la séptima fecha de la Superliga. Matías Suárez pisó el área detrás de un pelotazo que superó a la defensa y el arquero Lucas Hoyos salió algo arrebatado y lejos de su valla para romper. El delantero ex Belgrano cabeceó la pelota antes del encontronazo y cayó tras el contacto con el guardameta. Mientras el atacante reclamaba infracción desde el piso y el estadio bramaba, el árbitro Andrés Merlos indicó que no hubo infracción e instó a los protagonistas a que continuaran las acciones.

Sin embargo, Merlos falló: era penal de Hoyos a Suárez. Y correspondía una tarjeta amarilla para el portero. ¿Por qué? Por disputar el balón de una forma temeraria: el punto de contacto lo provoca el futbolista de Vélez. Sin ninguna consideración de jugar la pelota, sólo logra un objetivo: que el jugador de River no consiga su misión de llevarse el el esférico.

El arquero es como otro jugador de campo, con la única diferencia de que puede jugar el balón con la mano dentro del área. En este caso, al ir a disputarlo, utiliza manos y cuerpo para chocar al delantero, y eso, a los fines reglamentarios, es falta en cualquier sector del campo. Dentro del área, donde ocurrió la acción, representa un penal.

En consecuencia, el reclamo del futbolista que sufrió la infracción y del cuerpo técnico encabezado por Marcelo Gallardo (que en un momento quedó enfrentado cara a cara con el juez del encuentro) fue justificado: era penal. Y Merlos, quien venía de ser honrado con la designación en el clásico entre Rosario Central y Newell's en la fecha anterior, cometió un error que las imágenes de la transmisión expusieron.

No fue la única falla grave de Merlos. En el 2-1, Almada, antes de pisar el área, superar a Armani con una gambeta y recibir la infracción, acomodó la pelota con la mano. Toda la defensa de River lo reclamó, pero el juez no lo advirtió.


Y a los 44? de la segunda parte, ante un remate de Paulo Díaz, sancionó un remate desde los 12 pasos por una supuesta mano de Nico Domínguez. Pero en realidad el esférico le había rebotado en las costillas. Como agravante: expulsó al volante. Un partido para olvidar para el árbitro.


Fuente; Infobae