El cantante catalán regresa una vez más a la Argentina, que siempre lo recibe con los brazos abiertos, para presentar

 

"Mediterráneo Da Capo" en el teatro Gran Rex. Comprometido como siempre, habló con Teleshow sobre una realidad que lo preocupa, como el avance de la derecha en América Latina, y también sobre la realidad del país. Pero, además, descubre su corazón -aquel que tiene en su mano cada vez que escribe una canción- para hablar sobre el dolor, la felicidad y hasta el poliamor

"Yo nací para querer y para que me quieran", decía Joan Manuel Serrat en marzo en una charla exclusiva con Teleshow en la que adelantaba su próxima gira. Las localidades se agotaron inmediatamente, y lo que comenzó con dos fechas se convirtió en 17 shows que hoy traen nuevamente al país al autor de "Lucía", "Qué va a ser de ti" y "Pueblo blanco", entre tantas otras canciones que quedaron marcadas en generaciones completas.

Luego de ser ovacionado en su primer show y a horas de conquistar el teatro Gran Rex con Mediterráneo Da Capo, el músico catalán nos abrió las puertas nuevamente. "En Rosario salió todo muy bien, por suerte, pero siempre queda el gusto de lo que pudo haber sido y no fue, como dice el tango. Espero poder reivindicarme en la próxima", dice Serrat, disculpándose con el público tucumano por la cancelación que debió realizar por cuestiones de salud.

Joan Manuel Serrat presenta “Mediterráneo Da Capo”
Joan Manuel Serrat presenta “Mediterráneo Da Capo”
"Me siento responsable frente a la gente: si no fuera por la gente, yo no tendría interlocutor", explica el poeta de las pequeñas cosas que festeja en esta gira, en forma anticipada, los 50 años de Mediterráneo, el emblemático disco que estuvo casi un año en la lista de los 10 más vendidos de España, a pesar de la censura en su contra.

—¿Qué queda de aquel que eras en el 71, cuando se editó Mediterráneo?

—Algo quedará, pero no sé si las células actuales respondan a las células de aquel tiempo. Queda lo que sí que me acompaña: una historia que viene desde antes de Mediterráneo y que espero que se prolongue hasta después de hoy.

—La expresión italiana "da capo" significa "volver al principio". ¿Por qué ese regreso?

—He vuelto por una necesidad emocional. El Mediterráneo es para mí, para los que formamos parte de aquel territorio, un lugar común de vida. Están recibiendo circunstancias y situaciones que no son las más deseables. Históricamente, el Mediterráneo, a lo largo de siglos, ha sido el origen de civilizaciones, de religiones, el origen del pensamiento, del comercio, de la relación entre los pueblos, del intercambio. Y en estos momentos estamos viviendo una época terrible de migraciones. No solamente se produce: hay causas de esas migraciones, y son las guerras, es el hambre, esta gente no tiene dónde refugiarse.

El simple hecho de poder dedicarme a este oficio me hace sentir una persona maravillosamente tratada por la vida
—Hay gente que está muriendo en el intento de cruzar el Mediterráneo.

—Hay muchos que mueren tratando de pasarlo porque evidentemente están empujados a buscar un lugar donde meter sus vidas. En sus orígenes están siendo expulsados, y en la otra parte no se les quiere. Hay una historia realmente tremenda que yo soy partidario de agitarla para que, quizás, hablando de ella y contando, pudiendo tener oportunidad como ahora contigo, y también subiéndome a un escenario, pues pueda sencillamente repasar el pensamiento común, y poder extender esta realidad, que no es la que ninguno de nosotros quiere.

Joan Manuel Serrat ovacionado en el Teatro Colón
Joan Manuel Serrat ovacionado en el Teatro Colón
—¿Qué te ha dado el arte, después de 52 años de desarrollo profesional?

—Mucho gusto. Me ha dado mucho placer hacer música y poder tener un oficio con el que me siento amablemente de acuerdo. Otra cosa es hacer las cosas mejor, peor, pero el simple hecho de poder dedicarme a este oficio me hace sentir una persona maravillosamente tratada por la vida.

—¿Alguna vez tuviste la fantasía de abandonarlo?

—Bueno, esto no sería una fantasía; esto, más que una fantasía, sería una situación depresiva. Pero no, he pensado en muchas oportunidades en esta posibilidad, pero no me he dejado nunca seducir por ella.

—El público, agradecido.

—Yo también, por una razón: ya te digo que esto me gusta, pero aparte es un oficio que si cualquier otro oficio exige un estado, exige que la salud te acompañe, en el mío, sin duda, exige disfrutar de buena salud para prolongarlo.

La felicidad son instantes que nos vienen dados muy en cuentagotas
—¿Asusta cuando sucede algo como lo que pasó en Tucumán?

—No, asustarme, no: me apené. Pero estas son situaciones transitorias y sabes que me ha ocurrido muchas veces en mi vida. Solamente se lesiona de la rodilla el que juega al fútbol, ¿no?

Joan Manuel Serrat en el show gratuito que realizó en Buenos Aires (Gustavo Gavotti)
Joan Manuel Serrat en el show gratuito que realizó en Buenos Aires (Gustavo Gavotti)
—¿Se aprende más de la felicidad o del dolor?

—Sin duda, es mucho más instructivo el dolor que la felicidad. También es mucho más habitual. Yo creo que la felicidad son instantes que nos vienen dados muy en cuentagotas, y el dolor es mucho más genérico. El dolor no nos agrede solamente de dentro hacia afuera, también nos agrede de afuera hacia adentro; mucho.

—Le has puesto voz y letra a los momentos más bellos y más tristes de nuestra vida. ¿Qué se siente con eso?

—Es que uno, para poder escribir sobre cualquier cosa, está viviendo eso. No se puede escribir o componer de una forma determinada si tú no estás metido en una circunstancia que ronda este mundo. Y si no eres capaz de introducirte en ella, ya te digo, aunque no te esté sucediendo, eres capaz de entender cómo puede estarle sucediendo a otra persona.

Cada quien ama a quien quiere, y lo hace como quiere
—Escribiste algunas de las más lindas canciones de amor. Hoy, en este mundo en el que se habla mucho de poliamor y de distintas formas de amar, ¿se podría escribir una canción sobre estas relaciones?

—Un poliamante puede escribir esto (risas). Yo no me meto en estas historias del amor. Creo que hay tanta amplitud, tantas posibilidades como humanidad existe. No se me ocurriría jamás entrar a censurar la más mínima diferencia con mi forma de entender las cosas. Cada quien ama a quien quiere, y lo hace como quiere. Si realmente no somos libres ni siquiera para esto, no sé para qué podemos ser libres.

—La última vez que hablamos decías que lo peligroso no es Donald Trump, sino el contexto que permite que sea presidente. No pasó tanto tiempo y hoy estamos pensando en Jair Bolsonaro presidente de Brasil.

—Y el problema no es que exista Bolsonaro: el problema es que hay millones de brasileños que piensan como Bolsonaro, de manera racista, de manera sectaria, de manera que defiende incluso algo tan indefendible como la violación. Esto es lo terrible. Lo tremendo de la historia no es que exista un personaje que sea de una forma determinada, porque ha existido, existirá toda la vida; el problema es que este hombre sea presidente de Brasil, pero gracias a los votos de millones de gentes que creen que lo que dice este señor está bien.

—¿Por qué considerás que están avanzando en Latinoamérica estos procesos de derecha?

—Para mí es realmente un proceso enfermo. Aquí hay una grave enfermedad que se genera, en este caso concreto y en el caso de otros procesos políticos, de venganzas, de enfermedades. Hay una historia de una crueldad de funcionamiento que solamente se puede entender a partir de que hay algo enfermizo que está girando por ahí en estas cosas, y que no es mágico. Esto se produce porque hay quien ha hecho su campaña para que esto se produzca, hay quien ha entregado millones de dólares para que esto se produzca. Y hay quien, desde el púlpito, lo ha promovido.


—Argentina está viviendo un momento difícil, en muchos sentidos. Por un lado estamos enojados entre nosotros. Estamos atravesando una situación económica muy complicada. Y tenemos escándalos de corrupción que no dejan de suceder. ¿Qué mirada tenés de esta Argentina, a la que volvés una vez más?

—La situación no es nueva tampoco: cuando estuvimos aquí la última vez, estábamos en la misma situación. Quizás no se había colocado al país en el riesgo default que se ha podido llegar, y el cambio con el dólar era otro, y la inflación era otra, pero el camino estaba ya tomado en este sentido. No quiero tampoco contestar con elucubraciones de ningún tipo. La situación está muy clara, y quizás el problema mayor es que no se ponen en el centro de la discusión los problemas que son básicos y fundamentales para encontrar caminos y para buscar soluciones, que no pasan, pues, por palabras ni con obras. Cuando me refiero a obras no me refiero a acciones, me refiero a obras en la calle: no pasa por levantar las calles.


—El domingo es el Día de la Madre en la Argentina. ¿Les podemos mandar un beso a las madres?

—Claro. A todas, a las madres. Y me van a permitir a los padres también porque aunque no sea el día del padre, el padre es el que acompaña a la madre; entonces, vamos también a ser generosos con los padres. Aunque yo sinceramente siento mayor debilidad por las madres. Además la vida me ha bendecido con hijas, me ha bendecido con nietas. Las mujeres han sido y seguirán siendo una constante en mi vida. A veces inalcanzable ya, lejanas ya, pero no por eso dejan de ser una referencia.


Por Tatiana Schapiro