"La agenda de actrices argentinas no la marcan los medios, la marca el colectivo” manifiesta la actriz que asegura que en los temas importantes y cuando sea necesario las distintas agrupaciones estarán unidas.

 

Además a solas con Teleshow habla de "La odisea de los giles", el humor y cuenta cómo la convocaron a formar parte de la Flor de la abundancia: "Las que participaron lo hicieron por exceso de romanticismo no por mala voluntad"
"Esto es como una historia dentro de una fea historia: habla de todos estos giles, entre comillas, que en definitiva somos la gente de bien, la gente que quiere laburar y vivir con lo que gana, que no quiere pasar por encima de nadie", cuenta Verónica Llinás sobre la película dirigida por Sebastián Borensztein. "Y esos giles pudieron tener una reivindicación. Si bien todos sabemos que la verdadera reivindicación en este país de giles, y no tanto, no llegó nunca. Pero por lo menos, nos gusta jugar a que a un pequeño grupo sí", agrega la actriz.

La odisea de los giles relata cómo un grupo de vecinos con un objetivo común termina siendo estafado en medio de la crisis de 2001. Y deja en claro hasta dónde pueden llegar el trabajo en equipo y la solidaridad. La experiencia de Llinás con el corralito fue lejana; no se encontraba en el país. "En ese momento estaba afuera con mi marido, que quería vivir navegando, y entonces nos íbamos cada tanto por varios meses -recuerda la protagonista de Carcajadas Salvajes-. Tardé en darme cuenta de la implicancia y del significado (de la crisis). Primero, me impresionaron las muertes, pero después empecé a entender la magnitud de lo que había pasado".

Ricardo Darín, Verónica Llinás y Luis Brandoni en “La odisea de los giles”
Ricardo Darín, Verónica Llinás y Luis Brandoni en “La odisea de los giles”
"Es un sistema muy despersonalizado. Antes podíamos personalizar, decir: 'Ah, el dueño del mundo es este o es aquel'. Ahora ya son como holdings que no tienen cara, que no tienen alma", reflexiona la artista sobre los bancos y las grandes corporaciones. "Y eso se ve reflejado en las pequeñas cosas. Por ejemplo, en querer pagar una factura de luz en la que te cobraron mucho y que no haya un ser humano detrás del teléfono, incluso aunque haya un ser humano no se comporta como tal, sino más como una especie de androide".

—No quisiera ser el que está del otro lado, con una Verónica Llinás enojada…

—¡No sabés! (Risas). He llegado a niveles…

—¿Qué les decís?

—De todo. He llegado a decirle: "Me contestás como un androide, androide de mierda", porque, ¿viste?, tienen como un versito. Y eso me saca de quicio: quiero ver atrás de todo eso al ser humano. Llamás interminablemente, y… "No, este sector no, llame a este sector. No, pero este sector no". Y vas como bola sin manija, de un lado al otro. Es un sistema perverso.

—¿Qué busca? ¿Desgastarnos?

—Es perverso en sí mismo. No sé quién, no sé si somos todos víctimas de esto, o hay unos que no… No sé cómo es. Obviamente, hay algunos que son menos víctimas que otros y que mueven los hilos, pero que a su vez también terminan un poco siendo víctimas, porque otros también les mueven los hilos a ellos.

Verónica Llinás en la sala del Multitabaris, donde protagoniza Carcajada Salvaje. Foto: Alejandro Carra/GENTE
Verónica Llinás en la sala del Multitabaris, donde protagoniza Carcajada Salvaje. Foto: Alejandro Carra/GENTE
—Apelando al título de la película, ¿en qué momento sos un poco gila en la vida?

—A veces soy muy romántica, muy apegada a las cosas de mi estimación. A las personas, incluso a los objetos.

—Soltar, no.

—Claro: me cuesta soltar. Le confiero, a los animales mucho más, pero hay hasta momentos que pareciera que el auto tiene alma. Si tengo que venderlo: "Ay, pobrecito…".

—¿Y lo padecés, o te llevás bien con eso?

—A veces me río de mí misma. Y a veces también sí, un poco lo padezco.

—Venís de tener que despedir a una de tus perras…

—A Pepa, Pepona. Hace tiempo que tomé esta determinación de decir: "A mí me hace feliz vivir rodeada de animales". Los quiero, los siento mi familia. Desde muy niños fuimos acostumbrados a que los perros eran parte de la familia. Uno vive así, y priorizás eso antes que otras cosas, y pagás los precios que tenés que pagar.

Play
—En la película decís: "¿Cagaron a un país y te la venís a agarrar con mi marido?". En ese momento en el que a veces uno necesita agarrársela con alguien, ¿vos con quién te la agarrás?

—Voy a caer en una obviedad: uno siempre se la agarra con el que puede, el que está cerca, el que te banca, el que te quiere. Eso, en términos como más de vida. Yo tengo un sentimiento de justicia muy exacerbado entonces reacciono mucho frente a lo que considero abusos de poder. Venga del lado de quien venga, sea de un empleador, sea del Gobierno, sea de lo que sea. Tengo una sensación de lo que debe ser la justicia, y en eso soy muy combativa. Por eso, mi actividad un poco crítica del gobierno de turno.

—Decís "el gobierno de turno", pero hay algunos que hoy te consideran una actriz kirchnerista cuando has sido muy crítica del kirchnerismo. ¿No tiene que ver con una militancia?

—No, no es partidaria. Es político porque obviamente todo acto así es político, pero no es una política partidaria. Considero que la oposición a los gobiernos es una funcionalidad que tiene la democracia, que es bueno ejercer, porque los gobiernos tienen todo un aparataje para transmitir sus mensajes, para engañar, si es necesario; para transmitir sus bondades, sean o no sean ciertas. Tienen todos los recursos. Me parece que es buena una función de oposición.

—¿Te enoja cuando no saben interpretar eso?

—Me enoja, porque digo: "Pucha, qué simpleza, qué prejuicio, qué falta de profundización, de profundidad, qué fácil la gente opina sin ver siquiera de quién está opinando…".

Verónica Llinás realiza una activa militancia a favor de la IVE
Verónica Llinás realiza una activa militancia a favor de la IVE
—Donde sí hay una militancia es con el feminismo y con la legalización del aborto.

—Ahí sí. Eso es una militancia que tomé a conciencia, primero formándome, porque nunca fui una feminista de la primera hora. De hecho no me considero una militante feminista, si bien me considero feminista. Voy a mi ritmo, voy a mi tiempo, voy entendiendo cosas. No me quiero apurar. Sí traccioné bastante con el tema de la interrupción voluntaria del embarazo, y lo voy a seguir haciendo.

—¿Creés que va a salir?

—No sé si en este momento: la veo difícil. Deseo que esta sociedad sea una sociedad evolucionada como para dar ese paso. Por momentos me decepciono mucho. Sobre todo cuando escucho, ahora que fue un año del Senado…

—Del rechazo.

—(Cuando escucho) los argumentos, el nivel obtuso y de ningún tipo de información por parte de algunos senadores, que es la gente que en definitiva va a determinar el futuro de nuestra sociedad, y que digan las barrabasadas que han dicho. No contribuyen a aclarar. El que está luchando por la IVE (proyecto de ley de la Interrupción Voluntaria del Embarazo) está luchando por el aborto y no se comprende que puede convivir la legalización con una campaña en contra del aborto: no se contraponen, se complementan. Uno puede tratar de convencer a las mujeres que traten de no abortar, que revean, darle ayuda para que no lo hagan, darles contención, ta, ta, ta, hacer todo eso de todas maneras, y a la vez que sea legal.

—Sí, y ahí de nuevo vuelve a haber una simplificación: querer legalizar la interrupción voluntaria del embarazo implica ser kirchnerista, y ahora los veganos también tienen que estar a favor. Es todo lo mismo.

—Meten a todos en una misma bolsa, se une todo. Eso en parte es porque hay mucha desinformación, hay mucho prejuicio. Y también porque hay una operación en función de eso, hay mucha gente que se dedica a confundir eso.

—¿Hay una intencionalidad?

—Hay una intencionalidad. Hay muchos que son arrastrados. Hay muchos que inocentemente lo piensan. Pero también hay muchos que lo que intentan es generar esa confusión para restarle valor a los argumentos, para confundir todo.

Verónica Llinás junto a Nancy Duplaa, Carla Peterson y Andrea Pietra
Verónica Llinás junto a Nancy Duplaa, Carla Peterson y Andrea Pietra
—¿Cómo está hoy la situación dentro de Actrices Argentinas?

—Sigue estando igual que siempre. Quiero aclarar esto: hay una actividad enorme de Actrices Argentinas, de un montón de gente que está trabajando mucho más que yo, yendo a las asambleas. Yo no voy a las asambleas, me voy enterando por otro lado: hay distintos chats, hay una red en donde nos vamos comunicando, nos vamos enterando. Considero que lo que yo puedo aportar en muchos sentidos es algo que tiene que ver con la comunicación, poder acomodar mensajes para que no sean tan extremos y puedan ser entendidos. Después, hay un montón de gente que está trabajando en las sombras, haciendo un trabajo maravilloso, con un glosario con un montón de nombres; ha conectado personas con instituciones, con profesionales. Hay que entender que a partir de lo de Thelma (Fardin) se multiplicaron las denuncias. Hay quienes pueden ir a asambleas, hay quienes pueden ir a todas, hay quienes pueden ir a unas y hay quienes no pueden ir a ninguna. Muchas veces se espera de Actrices que reaccione frente a ciertas cosas o cierta (figura) mediática que le pasó tal cosa, y hay que entender cómo es. Primero la agenda de Actrices no la marcan los medios, la marca Actrices. Hay un montón de gente que tiene un montón de problemas muy serios y que están muy solos, y que no tienen visibilidad, y Actrices apunta a esa gente. Después, para hacer una acción de apoyo a ciertas cosas, se necesita obviamente una reunión en donde se lo determine.

—Una cosa es lo que uno pueda opinar como persona y otra cosa es el manifiesto del colectivo.

—Claro. Algunos dicen: "Ay, son selectivos, a unos sí y a otros no". Y… sí, mami. Está lleno de mujeres que tienen un montón de problemas; no hay tiempo físico para apoyar y salir atrás de todas. Entonces tiene que haber una selección. ¿Cómo se selecciona? Bueno, como se hace hasta en los consorcios: se vota.

—En las últimas semanas se habló de las Bolten: ¿sentís que hay quienes quieren aprovechar eso?

—Obvio que quieren aprovecharlo porque ya salieron todos a hablar que hubo una rama que se separó, que hubo ruptura. Hay como buitres que están ahí, esperando la carroña para alimentarse. Pero lo que yo digo y me encanta, que lo dijeron todas mis compañeras: no hay nada. Es así, somos todas partes de un mismo movimiento, y cuando haya que estar gritando por lo que hay que gritar vamos a estar todas juntas. Después pueden estar las que se juntan a leer a (Virginia) Bolten, las que son del chat este de Actrices y no sé qué, el otro chat, las que van a la asamblea, las que no van; pero en lo importante, estamos todas juntas. Y todo el resto es pescadilla para los que quieran desacreditar y nadie les va a dar el gusto, porque ninguna de nosotras les va a dar ese gusto. Actrices Argentinas hizo algo muy importante, dio un puntapié muy importante que movió muchísimas cosas, y creo que hay mucha gente que le molesta mucho y no se lo puede bancar y necesita conspirar contra eso, quitarle valor, ensuciar y minimizar el objetivo.

—¿Cómo te impactaron las denuncias por el Telar de la Abundancia?

—Estas cosas son cíclicas, pasan cada tanto. Por lo que yo sé de quienes conozco que se habló que participaron, creo que fue un exceso de romanticismo. No creo que haya habido mala voluntad. Y es transversal: no fue una cosa que se dio nada más que en Actrices. Fue una especie de juego un poco infantil a que era posible una reproducción del dinero solo, por el hecho de estar unidos.

—El Esquema Ponzi lo hemos visto con distintos nombres.

—Claro. Pero hay gente que por ahí no, y que por ahí creyó que era una forma que sí podía auto sustentarse de eso mismo, no sé.

—¿No generó un quiebre dentro de Actrices?

—No. Son acciones individuales, no fue una acción, por lo que yo sé, que sé muy poco, fue de individualidades, y que además fue transversal en un montón de capas. Periodistas, músicos, gente de pueblos en todo el país: fue transversal, no fue algo de Actrices. El hecho de querer ligar eso, como meter todo en esa bolsa como ya vi una nota que decía disparates, es solamente querer embarrar y ensuciar para aniquilar lo verdaderamente importante que es la lucha por la interrupción voluntaria del embarazo.

—¿Te quisieron convocar a vos al Telar?

—Yo recibí un mensaje vía Instagram de una persona que no conozco que me dijo: "Me gustaría hablarte del Telar de las Mujeres, una cosa por el estilo". Yo ya sabía de la existencia. Primero pensé que era mentira. Primero pensé que era una de estas fake news, pero a esa altura yo ya sabía que existía obviamente no lo contesté.

—¿Pero no enoja que se agarre el feminismo para eso cuando uno honestamente milita los derechos de las mujeres?

—Es una parte que creo que se romantizó algo, en algunos casos inocentemente, por ahí en otros no. Yo tiendo más bien a vivirlo como un juego de inocencias.

—Creés en la buena fe.

—Por lo menos, para quienes lo relacionaron con el feminismo, no creo que haya atrás una mente perversa que diga: "Voy a usar el feminismo para hacerme rica". Sinceramente: no lo creo. Por ahí estoy siendo una gila, pero me parece que es más por una romantización de que un sistema feminista puede ser posible solo por el hecho de ser mujeres y bancarnos.

—¿El humor te ha salvado?

—Sí. El humor es necesario para vivir. Lamento, y me da pena la gente que no lo tiene y no puede tomarse la vida de esa manera porque es tremendo. Por ahí hay gente que no lo necesita porque no le pasan cosas, pero a quienes nos han pasado cosas bravas, es necesario.

—Estamos en plena veda, entonces no te voy a preguntar nada muy concreto en ese sentido. Pero, ¿qué te genera que sea un año electoral e ir a votar?

—Estoy un poco descorazonada, te voy a decir la verdad.

—¿Ni siquiera ilusiona?

—Es que no veo la ilusión. Espero sí, casi ciegamente, que a quien le toque estar al frente de todo esto lo pueda hacer bien. Pero sinceramente, no… Me cuesta ver las opciones y decir: "Es por acá". En todo lo que podía ser tengo un pero: "Sí, pero también esto otro; sí, pero también esto otro". No hay nada que yo pueda decir: "Me mando en esta". Me gustaría que no me pasara eso, me gustaría poder tener una esperanza, una ilusión. Como algo concreto, no como un deseo como tengo ahora. Ojalá.