El último leprosario

b_608_0_16777215_00_images_stories_10archivos_Local_judiciales_tambo.jpgPodemos trazar linealmente una analogía entre aquel hospital mexicano para enfermos de lepra inaugurado en 1939 “Dr Pedro López” en ciudad de México donde las miserias, dramas y soledades de sus pacientes quedaran retratadas en las imágenes tristes y crudas tomadas por el fotoperiodista Arturo Bermúdez, quien, impactado por el material recolectado, decidió plasmarlo en un libro que lleva este título y la soledad política en la que ha quedado Cristina Fernández en las últimas horas, evidenciada en la negativa de la oposición para sumarle el voto al Frente para la Victoria, hoy bajo el cambio de piel denominado “Unidad Ciudadana”.

 

Como los antiguos enfermos de lepra que eran aislados y olvidados en rincones alejados de la sociedad, por miedo al contagio pero también por vergüenza ante la deformidad monstruosa que producía en los seres queridos que rara vez recibían el cariño, la visita y el amor de su familia, el último llamado de la ex presidenta “a los opositores de Macri”, se vislumbró como un grito transformado en un eco que devolvió el peor mensaje y un contundente golpe de la realidad la cual le dijo: está sola, nadie se le quiere acercar y mucho menos ser parte de su gesta política del fracaso, la corrupción y la desmemoria.

Ya había escrito en alguna otra nota de opinión, que CFK padecía los estertores de un liderazgo que pudo ser grande, inmenso, tal vez épico, pero dilapidó, dinamitó y desapareció por mano propia, a pesar de los buenos vientos que la acompañaron, de la suerte política que tuvo su marido, el presente de crecimiento e inmejorables condiciones que vivió este país en esos años, su propia suerte al sucederlo en la muerte, repotenciando lo que por entonces dimos a llamar en el 2010 “el voto emotivo” y la caterva de incondicionales quienes, más allá de la militancia rentada, la cual está siempre con quien le pague, hay un sector que verdaderamente creyó en el kirchnerismo como ideología o forma de conducir la nación. Todo eso, Cristina Fernández se encargó de sepultar y construyó un leprosario político en el que hoy se ve recluida.

La ex presidenta creyó (una vez más) que le bastaba con desplegar su sex appeal político, su discursos ensayados, la impronta dramática que le pone a palabras recubiertas de impunidad, desmemoria y falacias, pretendiendo convencer a todos y todas que quienes están hoy son peores que ella (rara, extraña escala de valores) y una ausencia total de vergüenza y ética lo cual le permite dirigirse al pueblo arruinado por los 12 años de desgobierno, como una redentora de la moralidad argentina.

Sergio Massa y Florencia Randazzo, fueron sus edecanes en los dos gobiernos que ocupó, pero hoy ya no quieren saber nada de ella. Es lógico, a los leprosos políticos, nadie se les acerca. Ellos fueron parte de todo eso y si quieren resguardar algo de su futuro político, deben escindirse y cuanto más lejos, mejor. El kirchnerismo ha hecho escuela en esto de “quemar el cajón de Herminio” a cada paso. No por nada perdieron con todos y cada uno de los candidatos que pretendieron imponer. No es casualidad que en la reciente convocatoria de Aníbal Fernández quedaran sillas vacías o que el innombrable de Guillermo Moreno no pudiera entrar ni de la mano del amigo del Papa o que Daniel Scioli sea ninguneado por la opinión pública y no tenido en cuenta por ningún candidato con pretensiones a futuro.

Nadie quiere acercársele a quien posee la peor foja de antecedentes. Una ex presidenta con megacausas judiciales por enriquecimiento ilícito, lavado de dinero, autoritarismo, denuncias por extorsión, amenazas y cuanto delito grave esté tipificado en el Código Penal, ahuyenta cualquier acompañante político con proyecciones en su futuro a corto o mediano plazo. Pero aún más grave es, para todos ellos, aliarse con quien está imputada de Traición a la Patria. Éste y no otro, desde el punto de vista político y aún teniendo en cuenta lo “flexible” que es la clase política argentina para admitir delincuentes dentro de sus filas, es el rótulo lapidario que sepulta definitivamente a Cristina Fernández como aliada al ala más “libre” de la denominada renovación, que no es tal, repasando rápidamente los nombres que se proponen.

Ya el solo hecho de “estar sospechada” se haber traicionado a la nación, por un interés personal, partidario o sectorial, la hace políticamente execrable. Estar involucrada como Presidenta de la Nación en (al menos) el encubrimiento de un magnicidio, sobre quien había anunciando una investigación a su administración, las sobradas pruebas de las conexiones clandestinas con el gobierno terrorista de Irán para favorecer la libertad de los culpables de haber reventado la embajada de Israel y la AMIA, son factores que gravitan decididamente a la hora de elegir con cuántos amigos cuenta CFK para soñar con su retorno y transformarse en líder del movimiento de oposición en el país.

Una candidata que solo hace campaña por twitter escribiendo cartas abiertas que pocos leen, que no da entrevistas a periodistas si no son pagos, condicionados o que acepten las reglas impuestas por ella, quien arma acting con militancia para recrear “visitas a fábricas, casas y comercios” (el tambo trucho como el de la foto), cuyos dueños ofrecen sus domicilios y empresas como escenarios para recrear la mentira y la hipocresía política de la dama; alguien que no puede salir abiertamente a la calle, caminar por la república y hablar en una convocatoria pública “no militante”, no tiene posibilidad de ser líder de nada. Si a esto le agregamos que le gusta digitar candidaturas, poner y sacar a dedo uno u otro y todas las veces que lo hizo, se equivocó y perdieron, Cristina Fernández ha inaugurado lo que podemos llamar el último leprosario en la Argentina.Habrá que ver cuántos se acercan sin el temor de contagiarse.

Fuente Agencia OPI Santa Cruz

 

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