Obsolescencia (Superior Tribunal de Justicia)

superiortj.jpgEscrito por el doctor Aldo Daniel Avila (Abogado).

 

Pensaba que antes de finalizar el año debía hacer un recuento de la labor cumplida por el STJCH durante 2017, y leí que la obsolescencia es la caída en desuso de máquinas, equipos y tecnologías motivadas no por un mal funcionamiento de los mismos, sino por insuficiente desempeño de sus funciones en comparación con nuevos equipamientos generados por el mercado.

Esta sensación de habernos quedados en el tiempo y que todo suene a problemas ya vividos, que los discursos o “soluciones” nos resulten inadecuados a las necesidades actuales. Precisamente, no es nada nuevo.

 

Basta leer la contestación del STJ a la nota que suscribieran más de 150 abogados del foro de la Segunda Circunscripción, para concluir que la humildad o la autocrítica no anidan en el edificio de López y Planes 215, Resistencia.

 

Es más, debo decir que, en dicho responde ni el STJ ni los firmantes de la nota –hartos de la morosidad (me incluyo)-, acertaron con los tiempos de dilación de nuestros juzgados. Por caso, el Monitorio pasó a los tres meses de demora en la apertura de cualquier proceso. El STJ reconoce el atraso pero en un monto menor. Lo positivo es que estamos de acuerdo en algo: el servicio de justicia, atrasa

 

Nuestro Mas Alto Tribunal cree que negando la realidad soluciona el problema. O gana tiempo, que lo pierden los justiciables a quienes se deben. Pero su reacción fue desafortunada, como a lo largo de todo este año en que el paro salvaje de los judiciales fue el eje de la discusión permanente. Y, todavía continúa insoluble.

Hay que decir que la última gestión fue muy poco feliz. No estuvo a la altura de las expectativas que generó. De la gran expectativa que provocó y me refiero a la Presidencia.

Más se preocuparon por crear una agenda de cursos de capacitación de éxito dudoso y de concurrencia mínima, porque a nadie escapa que lejos estamos de poder “capacitarnos” cuando hay necesidades básicas y prioridades que no aceptan la indolencia.

 

El punto de inflexión se produjo el día miércoles 29/11 cuando explotaron los medidores de SECHEEP y la sede de Tribunales de Sáenz Peña desde la madrugada y hasta la tarde noche carecía de energía eléctrica y, por ende, cayó, a la vez, el sistema informático que nos vincula y conecta con casa central. Ningún juzgado podía trabajar y menos celebrar audiencias porque las impresoras están conectadas al “sistema”.

De modo que las actas de la suspensión de las audiencias e incluso de una audiencia preliminar en la que participé, se hicieron manuscritas. Sí, como en las fotos de historia los próceres y sus plumas, sólo que aquí con birome negra.

Esos manuscritos serán el vestigio de esta lamentable historia, cosidos a los expedientes cual retazos de la epopeya que se debió de atravesar.

 

Qué decir, entonces, como repaso al año 2017 que llega a su fin.

Cuando pienso en las decisiones tomadas por el  Superior Tribunal de Justicia, en las políticas que implementara, en el servicio de justicia que hoy se está brindando. En que dejaron a 250.000 almas con un solo Juzgado de 1ra. Instancia. Que digno de un padre abandónico, repiten la maniobra con 250.000 personas a cargo de una única Fiscalía. Y lo más desesperanzador es que creen que hacen lo correcto, que actuaron de buena forma, poniendo en evidencia un desconocimiento impúdico de la situación.

Sólo una palabra me viene a la cabeza: obsolescencia.

 

 

 

 

 

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