(Por Daniel Lencina). Esta cuarentena ( "cuareterna", dijo alguien por ahí ). Este aislamiento, prolongado en el tiempo, tedioso, monótono y aburrido, es capaz de provocar reacciones de las más insólitas e imprevisibles en muchos de los prisioneros de la pandemia. Está visto, el COVID-19 ataca todos los flancos y, porqué no, también, lo pisiquico, lo emocional y lo espiritual.

 

Algo de esto ocurrió, según expresan las crónicas, con conocido profesional médico de la ciudad, que no pudo contener sus ansias desmedidas y sin límites para ver a una mujer.

Para lograr su objetivo, el profesional decía que trabajaba en el Hospital de Las Breñas para, de esta manera, poder ver a una joven y bella ciudadana breñense.

La denuncia fue formalizada por funcionarias de la localidad del oeste chaqueño, por lo que, es de suponer, la situación del médico  ( calificado de "Picaflor " ) puede complicarse en lo legal y en lo familiar.

No es el único caso..

Una noticia, muy difundida en los medios de comunicación, se refería a una persona, del sexo masculino, oriundo  de Córdoba, que hizo lo imposible para visitar a su novia en la localidad  balnearia de Mar del Plata. El apasionado personaje según las crónicas periodísticas- hizo todas las trampas habidas y por haber  para llegar hasta su  amada novia. Documentación apócrifa, mentiras y engaños en el trayecto para sortear todo tipo de obstáculos que le impidan lograr su objetivo.

Pobres aquellos de nuestros vecinos que tienen su novia en otras ciudades u otras provincias. La cuarentena los dejó aislados y distanciados, cada vez por más tiempo. Ellas no pueden venir para acá, ni los nuestros pueden ir para allá. Para peor, prostíbulos, aquí, no hay.

En fin, tienen que arreglarse como pueden. Tienen que solucionar su situación solítos, nomás.