(Por Aldo Daniel Avila (*)) - Es un verdadero atrevimiento que utilice el título de una de las más controvertidas obras de Gabriel García Márquez para esta nota, pero su realismo mágico es muy inspirador para estos acontecimientos que, normalmente, se desarrollan en países pequeños y estancados en el tiempo, y es la obra que mejor representa al mítico tirano contemporáneo.

El Chaco no está ajeno a los caudillismos y menos a políticos que intentan perpetuarse en el poder aunque, claro, con suerte dispar.

Están los que ganaron –no importan los métodos ni las circunstancias- y están los que perdieron en su ambición de máxima. La mayoría -es difícil decir todos- adopta la misma conducta. Unos, porque pretenden seguir disfrutando de las mieles del éxito y la adicción que genera el poder, y otros, porque, suponen que en algún momento les llegará el anhelado instante del histórico festejo.

En cualquier caso, se hace, precisamente, abuso del poder para la consecución de estos objetivos.

Es por eso que, los aspirantes a los cargos relevantes en el mundo de la política local, postulan siempre a los mismos candidatos.
Y los resultados no se disfrutan. Se padecen.
Así nos va.

El Cr. Capitanich por el peronismo y el Dr. Peche por el radicalismo, vienen, desde 2007, disputando el mayor cargo provincial (Gobernación) como las figuras más sobresalientes (generacionalmente hablando) del espacio que cada uno representa. Capitanich logró ejercer como gobernador por dos mandatos consecutivos (2007-2011 y 2011-2015) y se encuentra en ejercicio de un tercero desde fines de 2.019.

A su vez, Peche, pese a no haber logrado nunca su ansiado anhelo -integrar o presidir el ejecutivo-, transita su tercer mandato como diputado provincial. Siempre como presidente de bloque. Siempre como uno de los líderes de la oposición. Y, rodeado por los conocidos de siempre (valga la redundancia).

Es que, cualquiera sean los resultados, se las ingenian para conchabarse en algún cargo que les asegure no sólo alta exposición sino, buenos ingresos.
Eternos mantenidos por el Estado que dicen hay que achicar.
No sólo a ellos, sino a todos los "asesores" que necesitan para llevar a cabo su función que, mientras tanto, van quedando como miembros de planta permanente de la Cámara que los nuclea y que algunos la conocen sólo de vista, porque nunca salieron de Sáenz Peña y, sin embargo, trabajan en el recinto legislativo.

Al igual que en el libro del premio Nobel colombiano, para alcanzar ese cometido (estar en la vidriera) deben desarrollarse traiciones, conspiraciones, engaños, mentiras, violación de principios éticos, falta de respeto por la palabra empeñada y todo tipo de miserias.
Un manual de imposturas.

En fin, no hacerle asco a nada.

Así, con esa idea de que todo lo pueden se asumen como dueños de la verdad. Como paladines de la honestidad y la transparencia.

Y ese credo trasciende el ámbito del virtuosismo ilustrado que declaman, para llevarlos al convencimiento de que pueden deslizar juicios de valor sobre cualquiera persona o desacreditarlas públicamente con total alevosía y sin consecuencias adversas.

Esto fue lo que hizo el Dr. Carim Peche.

Creyó que se puede endilgar gratuitamente estar integrando proyectos que, luego, ni él supo explicar. Que se puede imputar, alegremente, conductas como amenazar a jueces y fiscales para conseguir resoluciones favorables. O, que se escriben sandeces en un diario, con total ignorancia.

Utilizó un lenguaje chabacano para que la descalificación fuese mayor: "Son todos jarabes de pico que cuando se les piden las papeletas se van al mazo" (Audio Futuro FM SPeña).

Pero cuando se ejerce el derecho a réplica (que muchos no lo hacen por temor), y comprenden que el vuelto no son caramelos, deciden que hay que pararlo aún recurriendo a las vías más despreciables en el marco del respeto por la libertad de expresión y una convivencia democrática.
Ellos. Quienes se dicen los más genuinos representantes del republicanismo.

Entonces, intentó detener el legítimo descargo del agraviado por vía telefónica y como no le fuera aceptado, se apersonó en la emisora y golpeó la puerta del estudio radiofónico para intervenir, en modo hago lo que quiero porque soy quien soy, tratando de imponer su punto de vista e impidiendo, claramente, que el derecho a réplica pudiera ser ejercido del mismo modo en que él, agraviara cómodamente y sin ninguna interrupción.
Así lo entendió la gente y repudió esa actitud.

Se critica el autoritarismo y se actúa de la misma manera. O, peor.

Cuando los errores se multiplican o las conductas no son las acertadas, algo no está funcionando bien.
Las derrotas no son producto de la casualidad.

Es la soledad del poder la que afecta, finalmente, al patriarca. Que cuanto más acompañado más solo se siente.
Sabemos hasta cuándo duran esas compañías.

Esta etapa crepuscular debería ser de pausada reflexión, porque en ese principiar del anochecer, la claridad es menor, la luz suele ser más escasa y, por eso, no divisamos soluciones con la inmediatez de otrora. Son los anuncios del paso del tiempo.

Es difícil admitir que ya no somos lo que supimos ser, pero es inexorable. Negarse a la evidencia es mala consejera.
No se aceptan las críticas y todos pasan a ser enemigos o traidores.

El ocaso forma parte del proceso biológico de la vida.
Pero no es cuestión de apresurar el otoño.

(*) Abogado